Lo vacié todo, no pude llorar, le dije todo a una amiga, le dije que lo superaría y aquí estoy sintiendo rabia por su incapacidad de querer, convenciéndome de que nunca me quiso (que fui su juguete), y evaluando seriamente la posibilidad de no seguir más consejos y volcarme a otros asuntos amorosos, que se han quedado esperando en un rincón de una sala, en un pasillo, en la calle con un encuentro casual (demasiado casual), pero es inevitable que tras el asco de leer(te) no pueda no escribirte lo siguiente:
A veces te recuerdo,
a voces te pienso,
a versos te revivo
y a besos te olvido.
(y sentir el frío abrasador de aquel último beso aún quema en los recuerdos)
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